Según informaron desde el Ministerio de Turismo y las Culturas, el encuentro fue el martes en las instalaciones del MUHSAL (Museo de Historia de San Luis).
24/02/2016
Según la información oficial, fue la primera reunión de trabajo con prestadores y operadores turísticos de la provincia. Allí se debatieron diferentes temas respecto a la temática. La jefa de Programa Turismo y Las Culturas, Lucrecia Pedernera Bartolucci destacó: “hemos tenido una gran participación, tanto de prestadores como de las secretarias de turismo, algunos intendentes también, es muy importante trabajar en conjunto ya que las actividades turísticas en San Luis están cambiando, como en el mundo, y tenemos que asegurar la calidad de estos servicios, como así también brindar a los municipios un apoyo con registros de estos prestadores”, agregó además que, “el turismo alternativo es un proyecto de ley que abarca varios puntos, como por ejemplo, el Turismo Aventura, el Ecoturismo, el Turismo Rural, etc., todo tiene que ser regulado y controlado para que el turista se sienta seguro y protegido al realizar estas actividades”.
Además el proyecto “permite la inclusión de los Guías Baqueanos y de aquellos que sean idóneos para prestar las actividades de turismo aventura y ecoturismo”, informaron desde el ministerio. “Dado a la realidad turística con respecto a las actividades de Turismo Aventura, es imperioso generar un marco legal que resguarde al prestador como al cliente de las variadas actividades con respecto a esta temática” destacó la jefa de Subprograma Ecoturismo, de Reunión y Turismo Activo, Silvia Rapisarda.
Los temas que se destacaron durante el debate fueron: equipamiento, seguros, controles de la actividad, habilitaciones, organismos competentes, requisitos generales y particulares, etc. “El registro va a otorgar seguridad jurídica al turista y al prestador, delineando las actividades, las condiciones de seguridad y el modo de realización de las mismas en el ámbito de la provincia, exigiendo además que se desarrollen de modo sustentable”, informaron.
Desde el Gobierno de la Provincia se enviaron a Villa de Merlo 20 bicicletas del plan Tubi Turismo. La Secretaria de Turismo local trabaja en un programa para ponerlas en funcionamiento en la temporada. Serán tanto para turistas como para residentes.
28/12/2015
El propósito de la Secretaría de Turismo merlina “tiene que ver con diversificar la oferta”, expresó la funcionaria Lucia Miranda quien destacó que en este momento se está trabajando para la temporada 2016. “Quisimos hacer un trabajo consensuado con las empresas que ya tienen alquiler de bicicletas en Villa de Merlo. Que ofrecen circuitos además de las ciclovías básicas”, expresó. El objetivo es hacer una acción conjunta con los prestadores y es por eso que la semana pasada hubo una reunión por el tema. Se trabajará en “poder generar nuevos circuitos, la difusión y el mantenimiento de esas bicicletas”.
Por otro lado Miranda destacó que con el trabajo se analizan las formas de no afectar “a las nuevas empresas que se han generado con alquiler de bicicletas. No queremos ser una competencia”, afirmó. “La idea es que nos complementemos y que las bicis estén en lugares donde no hay otras”, agregó la Secretaria de Turismo.
Las bicis serán para el uso de los turistas que lleguen a la ciudad, como también para los residentes que estén interesados en utilizarlas. Para disfrutar de su uso deberán firmar un contrato de comodato que es el mismo que la Secretaría de Turismo está trabajando con las empresas. “Esas bicis tienen que ir aseguradas con un seguro de Responsabilidad Civil por lo que pueda ocurrir, es por eso que el alquiler tendrá un costo mínimo para cubrir ese impuesto”, cerró.
Recomendaciones para visitar el hermoso norte de la provincia de San Luis. Conexión, relax, aventura y hospitalidad. Fotogalería
Reconocida mundialmente por las bondades de su microclima, la provincia de San Luis ofrece un interesante destino turístico en su denominada Zona Norte. Se trata de una vasta región de arroyos, diques, cascadas y balnearios, siempre acompañados por las sierras características. En casi todos los parajes el viajero puede encontrar platos regionales y la hospitalidad que caracteriza a los puntanos, con una completa prestación de servicios.
Conexión, relax y aventura
Una de las primeras localidades que transita esta Región Norte de la provincia de San Luis es Suyuque, donde en plena sierra se encuentra el Monasterio de Nuestra Señora de la Fidelidad. En este sitio resultan imperdibles los dulces caseros de leche, frutas y miel, así como las artesanías que elaboran las religiosas.
La RN 146 sigue camino y llega hasta la ciudad de Nogolí, más conocida como Hipólito Irigoyen. Situada sobre la falda occidental de las sierras, recibe al viajero con un particular microclima ideal para la práctica de actividades náuticas y salidas de aventura.
Escenario habitual de competencias deportivas, la urbe alberga en su interior un Balneario Municipal con zonas de acampe y una variada infraestructura hotelera. Como protagonista, está el Dique Embalse Nogolí, un espacio exclusivo para los amantes del pique y los deportes de agua sin motor.
Unos pocos kilómetros más adelante, la Villa de la Quebrada (a 38 km de San Luis) se constituye como uno de los sitios de San Luis más acorde para los retiros espirituales. Es allí donde se adora un crucifijo milagroso que perteneció a Don Tomás Alcaraz, quien lo encontró en el hueco de un algarrobo. En el mismo lugar del hallazgo fue erigida una capilla y un Vía Crucis de 14 esculturas de tamaño natural realizadas en mármol de carrara por el artista italiano Nicolás Arrighini. Y cada 3 de mayo la ciudad se convierte en sede de la Fiesta del Cristo de la Quebrada.
La histórica Villa, con su benéfico microclima y su promedio anual de 300 días de sol, invita al turismo aventura, a descubrir senderos serranos en cuatriciclos, a pie y a caballo, a vivir como un pueblo comechingón y a paladear el gustoso chivito puntano.
Por Dora Salas
Fotos de Dora Salas
Paseo entre la roca viva y el cuarzo blanco, un viaje al Precámbrico puntano
“Merlo es mi lugar en el mundo”, afirma Juan José, un uruguayo radicado en la Villa, donde se dedica a transfers y paseos, mientras conduce desde el aeropuerto de la capital puntana hacia la ciudad ubicada en el noreste de San Luis, sobre la falda occidental de las Sierras de los Comechingones.
Una soleada y diáfana tarde invernal enmarca sus comentarios durante los 190 kilómetros de autopista entre el aeropuerto Brigadier Mayor César Raúl Ojeda y la Ciudad Villa de Merlo, tercer microclima del mundo detrás de las costas californianas y de Suiza, aunque algunas fuentes citan a las islas Canarias en el lugar del país alpino. La interrelación de factores topográficos y ambientales da origen a esta joya climática, dueña de una atmósfera cuyas proporciones de ozono son más elevadas que las normales, generadora de óxido nitroso y con altos porcentajes de ionización negativa, que produce relajación y reduce el estrés.
LOS NUMEROS IDEALES Merlo, con una temperatura media anual de 20 grados, una altitud que oscila entre los 800 y los 1200 metros sobre el nivel del mar y la orientación del cordón montañoso que frena los vientos húmedos del Atlántico, atrapa desde las primeras décadas del siglo pasado a quienes buscan descanso y aire puro, pero energizante a la vez.
Estas características funcionan durante todo el año como imán turístico, pero también para los “venidos y quedados” a vivir en la Villa que, a la par de los “nacidos y criados” en ella, tratan de preservarlas y sumar actividades que permitan su mayor aprovechamiento.
El ecoturismo y el turismo aventura son el eje de las nuevas propuestas, que apuntan sobre todo a jóvenes y adolescentes, para los que también hay un boliche nocturno, bares y cervecerías. Parapentismo para emular a los pájaros, tirolesas para balancearse a varios metros de altura por cables de acero que unen laderas serranas, rappel para desafiar descensos verticales y senderismo para adentrarse en la naturaleza son actividades que se agregan a cabalgatas y ciclismo por sendas poco transitadas.
La mañana se presenta ideal para trepar hacia el Filo de la sierra, a unos 2100 msnm, y alcanzar el faldeo limítrofe entre las provincias de San Luis y Córdoba. “A ponerse los cascos, los guantes y los anteojos de sol”, invita Claudio, responsable y guía de Parada Fox, experto en travesías “para todas las edades” con cuatriciclos 4×4 de 500cc.
Entre pajas bravas, cuarzos blancos y rosados, restos de mica que destellan al sol y rocas cuyo origen se remonta al Precámbrico, la mirada se pierde hacia el Valle de Conlara, del lado merlino, y el Valle de Calamuchita, del lado cordobés.
Los cuatriciclos, después de cómodos 11 kilómetros de ascenso por ruta asfaltada, superan otros tantos en huellas resbaladizas, desafiando montículos y vertientes como si saltaran de roca en roca. En total, dos horas y media de travesía hasta el Hueco del Cencerro, un refugio a 2000 msnm junto al arroyo Horco Molle, con saltos y piletones que en verano invitan a zambullirse.
Entre cóndores y águilas moras, sauces mimbre y tabaquillos, el nombre del lugar “lo pusieron los mineros que trabajaban en la zona, rica en wolframio y cuarzo, además de otros minerales y piedras semipreciosas, de los años ’20 a los ’50 del siglo pasado”, explica Francisco Roure. Y sin vacilar, mientras encabeza la caminata hacia una gran “chimenea de cuarzo” natural, como Juan José Capdevielle enfatiza que ha encontrado “su lugar” en la soledad y los cielos estrellados del refugio.
Al recorrido se suma Lola Bejarano, de la cordobesa Estancia Corralito, que organiza cabalgatas “de cuatro o cinco días para cruzar la Sierra de los Comechingones, desde La Paz, en Córdoba, hasta El Hueco del Cencerro” para llegar al refugio de Francisco, donde el “vecino más cercano está a ocho kilómetros”.
Durante el regreso a la Villa, una pareja de cóndores pone el broche de oro a la aventura sobrevolando majestuosa los cuatriciclos que zigzaguean hacia el valle.
El Algarrobo Abuelo, un imponente ejemplar que es el gran emblema de Merlo.
PEQUEÑO CENTRO Lejos de los senderos empinados, el Centro Histórico urbano, puesto en valor y con calles semipeatonales, comienza en la Plaza Fundacional. “Junto a la preexistente Capilla de Nuestra Señora del Rosario, de 1720, el comandante Juan de Videla, por orden del Marqués de Sobremonte, oficializó en 1797 la creación de la Villa de Melo –que una posterior deformación fonética transformó en Merlo– en memoria del virrey del Río de la Plata Don Pedro Melo de Portugal”, explica Gabriel Magnago, docente de la Tecnicatura de Turismo en la facultad local y guía merlino.
La capilla colonial, con paredes de un metro de espesor, pisos de gruesos ladrillones e imágenes antiguas del Santo Cristo y de la Virgen Patronal, fue declarada Monumento Histórico Nacional. Frente a ella, la fundacional Plaza Sobremonte luce la reconstrucción del aljibe de fines del siglo XIX, el primero comunitario de la Villa, y alberga en el ramaje de sus plátanos –como un “verdadero dormidero de aves”– a tordos locales y viajeras golondrinas provenientes de Estados Unidos.
A pocos metros, la vieja casona de Felipe “Pocho” Urquiza, fallecido cuentista y poeta, ofrece en una bien ambientada pulpería cocina de olla y “vermú”, mientras el Almacén Juancito y la cantina Don Rafael, en la tradicional casa del pionero italiano Santiago Ciancia, esperan con “criollitos”, “galletas” y “pan de piso” rigurosamente cocidos en horno de leña.
“Padre y señor del bosque,/ Abuelo de barbas vegetales”, escribe el poeta Antonio Agüero, oriundo de Merlo, en la “Cantata del Abuelo Algarrobo”, saludo a un ejemplar blanco de ese árbol de unos 1200 años de vida. Su tronco se alza gigantesco entre poemas y grabados de Beatriz N. Ramírez, familiar del escritor, en el predio que ella administra y abre a los visitantes.
También Leopoldo Lugones, nacido en Córdoba, estuvo vinculado a Merlo, donde solía descansar en una casa del barrio de Piedra Blanca, pues su esposa, Juana González, había nacido en la Villa. El camino cultural merlino incluye, frente al Casino Dos Venados, una espectacular obra del escultor argentino Pérez Celis (1939-2008): El ojo del tiempo, cuyos dos relojes de sol –uno vertical y otro horizontal– marcan la hora solar corregida por longitud local y huso horario.
A más de mil metros de altura, junto al límite entre San Luis y Córdoba
COMECHINGONES Para viajar en el tiempo, el Parque Temático Yucat, Tierra de Comechingones permite “trasladarse al siglo XVI, alrededor de 1550, conocer la vida cotidiana de los antiguos habitantes del Valle de Conlara, sus casas, su vestimenta y sus creencias”, dice Alberto Segade, creador del emprendimiento familiar. “Queremos que no se pierdan los valores de esta civilización”, agrega, y destaca que instalar las escenografías sobre el pueblo comechingón le exigió seis años de estudios. “Ahora, en el paseo, todos somos comechingones”, sintetiza mientras pinta máscaras en el rostro de los visitantes. Finalmente, el circuito termina con una consigna que subraya el secretario de Turismo local, Miguel González Santa Cruz: “Soy vecino, soy turista”, una iniciativa de cinco municipios, dos de San Luis –Villa de Merlo y Potrero de los Funes– y tres cordobeses, La Falda, Santa Rosa de Calamuchita y Villa Carlos Paz, con descuentos del 20 por ciento en más de 500 establecimientos para los residentes. Como para que lo aprovechen los visitantes que estén pensando en convertir a Merlo en “su lugar”.
Cerro Áspero fue un símbolo de la minería de Córdoba hasta que dejó de trabajar hace 45 años. Con los restos, se fue forjando Pueblo Escondido, que hoy atrae a visitantes.
Cerro Aspero, escondido entre las montañas.Foto La Voz
En lo alto de las sierras de Córdoba, a un puñado de kilómetros de San Luis, Cerro Áspero es un emblema para los amantes del montañismo de todo el país. En los últimos años se transformó en una meca para quienes ascienden a pie, en moto o camionetas doble tracción hasta esas alturas.
El sitio ofrece una referencia única e ineludible: el pueblo minero que se desarrolló en sus entrañas, que albergó a unos 400 obreros desde principios del siglo pasado hasta 1969. De allí extraían tungsteno (o wolframio). Cuando hace 45 años su extracción dejó de ser rentable, la gran mina y el pueblo montado a su alrededor quedaron abandonados. Pero su mito, y su espíritu, están ahí.
Cuando la apertura de la economía terminó de sepultar el mineral, reemplazado por el importado de China a menor precio, el pueblo quedó vacío de mineros. Pero décadas después se toma venganza y se llena cada fin de semana de turistas.
Los pabellones donde descansaban los obreros y las otras dependencias fueron adaptadas para los visitantes, respetando sus líneas para conservar su valor histórico.
El espíritu del lugar cautiva a cada visitante, que no deja de imaginarse a las mulas cargadas de tungsteno saliendo por los senderos.
La refundación
Carlos Serra fue quien transformó el pueblo minero abandonado en un refugio de montaña. Serra es el “inventor” de Pueblo Escondido. Además del tungsteno bajo tierra, cerro Áspero posee un entorno natural de gran belleza, rodeado de cerros, a orillas del río Paso del Tigre.
Desde los años ’90, Serra recuperó parte de aquel pueblo minero, apuntalando el lugar con fines turísticos y manteniendo sus líneas históricas. Debió reconstruir mucho de lo que la gente ya había destruido. Del pueblo dejado por los mineros se habían llevado mucho.
A casi 25 años de esa idea de “refundarlo”, el sitio está vivo, abierto todo el año.
El secreto, asume Serra, fue permanecer, pese a las complejidades y adversidades de sostener ese espacio en medio de la montaña, en un punto de no tan sencillo acceso.
Hasta 1935, cuando se inauguró el camino de 60 kilómetros entre el Áspero y La Cruz, en Calamuchita, el material salía a lomo de mula hacia San Luis, para que luego vía tren llegara a Buenos Aires. El pueblo tenía hasta usina eléctrica propia.
Energía especial
Cristian Polo Friz es un personal trainer y guardavidas cordobés, que visitó el Áspero al menos 15 veces. Reconoce que esta aventura genera un plus respecto de otras.
“El lugar tiene una energía especial y uno logra transportarse medio siglo atrás, cuando en lo que hoy es una mina abandonado, había un pueblo en medio de la alta montaña, con cientos de trabajadores”, señala.
En cada viaje, que por lo general organizan en caravanas de dos o más vehículos, se despliega una especie de cofradía donde se debate de prestaciones de las camionetas “cuatro por cuatro” y de la naturaleza.
Para los que llegan en vehículo, el tramo final requiere de una destreza especial del conductor. Hasta unos kilómetros antes, llega casi cualquiera. Luego, la senda sube y baja en duros escalones de piedra pelada, que es sólo para peatones, motos, cabalgatas, bicicletas todoterreno o camionetas de doble tracción.
“Nos gusta la montaña, pero lo mejor es esto de conocer gente y compartir estos momentos”, dispara Gabriel Taritolay, mientras tomaba un mate en una ronda que se armó en un campamento en los “pinares”, un espacio ubicado tres kilómetros antes de Pueblo Escondido. Sobre el fogón, se recalentaba un pollo al disco que había quedado del día anterior.
Fue colocado por una merlina que caminó casi 800 kilómetros para colgar el cartel que considera la «huella de su pueblo». Está ubicado en un lugar emblemático. Aquí la historia.
“Nadie carga más peso de lo que se puede llevar en la espalda”, dice Romina Forray al recordar su caminata de 36 días con una mochila al hombro por el Camino de Santiago. La mochila representa para los peregrinos el peso de la vida. Y a medidas que desandan el mítico Camino descubren cuántas cosas uno carga de más a lo largo de los años y son innecesarias. En ese andar de soledad en paz, Romina asegura que las personas se encuentran con la “abundancia de la austeridad”.
El Camino de Santiago es una ruta que recorren los peregrinos procedentes de todo el mundo para llegar a la ciudad de Santiago de Compostela, ubicada en la región de Galicia, donde se veneran las reliquias del apóstol Santiago el Mayor. Romina y su padre lo recorrieron hace un año y eligieron la ruta francesa, declarada patrimonio histórico de la humanidad por la UNESCO. Fueron 798 kilómetros de caminata, recorridos en 36 días y 228 horas. El tiempo que en la década del 20 o del 30 tardaban los barcos en llegar desde un puerto español a la argentina cargados de emigrantes. Otras rutas. Otro peregrinaje, pero que llevaba consigo el sentido del despojo.
Ella, al igual que otros peregrinos noveles, había colocado en su mochila elementos de los que luego prescindió. O canjeó por otros más simples y livianos. Pero de algo Romina no se desprendió: en su mochila llevaba dos carteles de madera con el nombre de su pueblo “Villa de Merlo”, hechos por un artista local, decorados con los colores de argentina y que señala la distancia entre Merlo y el pueblo de Manjarin, en León, España. Son exactamente 10.256 kilómetros.
Allí, con unos clavos que una anciana regaló a Romina en el Camino y un martillo prestado, la joven merlina colocó el cartel de lo que ella llama sin dudar: “mi pueblo”. Junto a ese cartel hay otros colgados de ciudades importantes: Roma, Jerusalén, Machu Pichu o Santiago, son algunos de ellos. Cada uno colocado en ese refugio templario y adorado por los peregrinos. Es un monasterio de comodidades austeras y sus pobladores siguen las pautas de la vida monástica. “Yo quería dejar la huella de mi pueblo en ese lugar”, dice Romina al contar su experiencia donde cada día por el Camino no estuvo ausente la incertidumbre de los pasos pero siempre encontró una mano diligente.
En Manjarín, Romina fue recibida por Tomás Martínez, quien representa a los templarios y en su albergue ofrece lo poco que hay. Tomás hace años abandonó trabajo y vida personal. Entonces se embarcó en la servicial misión de custodiar el largo caminar hacia Santiago. En ese refugio de ambientación medieval los andariegos no hallan demasiadas comodidades ni lujos (no tiene baños ni duchas) aunque sí un lugar con energía donde poder descansar y orar tres veces al día. A lo largo de los años fue dándose a conocer por su costumbre de tocar una campana, vestido con túnica blanca y cruz roja, al paso de los caminantes.
Tomás armó en minutos un festejo con los visitantes y peregrinos, cuando el cartel de “Villa de Merlo” fue clavado por Romina. Él, al igual que otras personas, ofician de “hospitaleros”, una tarea dedicada a brindar ayuda a las personas que caminando o en bicicleta recorren miles de kilómetros para llegar a Santiago de Compostela.
Tampoco se desprendió Romina de dos piedras que llevaba en su mochila. Cada una representaba un pedido íntimo. Personal. Una ofrenda, que dejó en otro punto del Camino, en la Cruz de Ferro, -ubicada unos kilómetros antes de Manjarín- donde los caminantes depositan esas rocas en una ceremonia privada. Allí, un cúmulo de piedras de todo el mundo se alza en el medio de la nada y sostienen una cruz de hierro. Cada una tiene un significado. Quizás para desprenderse de los tormentos de la memoria. O piedras que alejen para siempre las brumas de las pesadumbres, que a veces nublan la vida.
EL LARGO ANDAR
El Camino de Santiago puede iniciarse desde cualquier lugar de Europa, o del mundo. Muchos peregrinos lo comienzan en España, otros en Portugal, en Francia, en Italia, en Alemania, en Inglaterra, y hasta en los Estados Unidos de América, en Brasil o en Israel. Lo habitual y más autentico es realizarlo a pie, pero hay quien lo recorre en bicicleta y a caballo. Romina y su padre eligieron la ruta francesa. Lo recorrieron cada uno a su ritmo pero sintieron que lo hicieron juntos. Él quería llegar a destino. Ella se detenía a mirar amapolas y trigales.
Todos aconsejan caminar un promedio de 30 kilómetros al día. Cada tanto se encuentran albergues, que suelen ser gratuitos y están regidos por los hospitaleros, sus guardianes, que a veces ayudan y algunos sanan las heridas de los pies a los peregrinos.En un punto del Camino hasta se ofrecen abrazos. Otros sitios están sin ningún custodio. Pero en el interior, los peregrinos encuentran lo necesario: agua, jugos, frutas secas, galletitas. Cada caminante toma lo necesario y dejan un “donativo”. Alguien por la noche volverá a colocar los alimentos necesarios para los viajeros.
Algunos albergues disponen de cocina. Y otros con camas que se hallan en dormitorios comunitarios, en literas dobles o triples y, por lo general, no se ofrecen sábanas. Por eso, se usan las bolsas de dormir. Allí se descansa. La mayoría de los peregrinos se colocan tapones en los oídos para escapar de los ronquidos. Para no escuchar los sollozos o el pastoreo de los rencores, que se murmura en la oscuridad.
El Camino está siempre señalado con flechas amarillas o con un azulejo con la concha de una vieira dibujada, sobre mojones, en los árboles, en los letreros de la carretera, en las paredes de las casas, o en el pavimento. Siempre hay que seguir la flecha amarilla, que Romina promete pintar en cuando tenga su casa propia. Para que sepan que por allí también pasa el Camino.
Durante el largo trayecto, Romina convivió con otros caminantes. Todos se saludan con la misma frase: “buen camino”. Una ruta cosmopolita y de múltiples lenguas. Donde cada día es igual pero distinto. Los pies se llagan. Duele la espalda. Se doblan las piernas.El humor se trastorna y uno aprende a curarse sus propias heridas.
Romina en su andar se encontró con una mujer norteamericana con el corazón roto: su esposo de un día para el otro le dijo que no la amaba más. Habían convivido 20 años. También auxilió a un alemán que sufrió una extraña picadura en la pierna y que era alérgico. Ella reconoció que ese hombre estaba cercado por la autoridad de la muerte. Lo arrastró doscientos metros hasta un lugar donde logró llegar la ambulancia y la Guardia Civil. También acompañó a un chileno a colocar la placa de su mujer fallecida en el Camino. Romina dice que el Camino es “más espiritual que religioso” y que se aprende a observar las pequeñas cosas de la vida. Y que en los momentos de debilidad surge la inspiración de un aliento que permite avanzar.
Fueron 36 días y casi 800 kilómetros. Romina logró dejar la “huella de su pueblo” en Manjarín. Soportó días de atención en un hospital y llegó a sentir que el Camino la sacaba de la senda. Sin embargo siguió. Llegó junto a su papá a Santiago de Compostela en la semana que se celebraba el Día del Padre. Tras ese peregrinaje, un cartel de Villa de Merlo ahora está colocado en un lugar emblemático de Europa. “Mi pueblo”, como dice Romina. Cuyas montañas conoce como nadie. Porque en su andar cotidiano, su memoria registra en qué curva del camino al filo hay sombra. En cual el viento empuja por la espalda. Y en donde se hallan las flores rojas. Percepciones de la vida que solo se aprenden cuando la vida se mira desde otro lado. Son el legado del Camino a Santiago, que en Villa de Merlo tendrá también su flecha amarilla.
Un lugar ideal para disfrutar de las vacaciones en Villa de Merlo, es sin dudas la Reserva Florofaunística de Rincón del Este. Internada en medio de las sierras, se ubica al margen del arroyo El Molino y cuenta con propuestas de todo tipo: actividades de aventura, excursiones y avistaje de águilas, zorros y demás especies.
A la Reserva Florofaunística del Rincón se accede desde la rotonda de ingreso a Merlo, tomando la calle Poeta Agüero (continuación de Ruta 1) y ascendiendo luego hacia las sierras desde la calle Sobremonte y su continuación con av. del Sol hasta llegar a la av. de los Cesares y su continuación con la Ruta 5, se llega poco después de cruzar un badén por donde pasa el arroyo El Molino. Allí está el ingreso a la gran cuna de flora y fauna autóctona.
Uno de los principales atractivos es protagonizado por Isolina, la Guarda Parque de la reserva, que cada mañana a las 11 ofrece una charla imperdible donde no solo concientiza sobre el cuidado del ambiente y la ecología a cientos de turistas que se acercan, sino que además ofrece un espectáculo maravilloso al alimentar durante la charla a los zorros y las águilas. Un espectáculo imperdible y para compartir en familia.
La Reserva además es cruzada por el arroyo El Molino, donde personas de todas las edades bajan por zonas señalizadas y accesibles para disfrutar de sus cristalinas aguas frescas que descienden entre las piedras al pie de las sierras de los Comechingones ofreciendo un marco maravilloso.
Para los que buscan un poco más de aventura hay numerosas actividades como tirolesa, paseos guiados en cuatriciclo (por el circuito de Damiana Vega que fue la última descendiente de los comechingones), rappel, trekking y excursiones al gran salto de Tabaquillo.
SALTO DE TABAQUILLO
El Salto de Tabaquillo es una gran cascada de 20 metros de altura que ofrece el arroyo El Molino en medio de las sierras de los Comechingones y está internada en un imponente bosque de Tabaquillos.
Para llegar al lugar, se requieren de alrededor de dos horas de caminata, que siempre se recomienda que se realice con guías habilitados y consultando previamente en el ingreso a la Reserva. Ya que se trata de una actividad que de no llevarse a cabo de forma prudente puede resultar muy arriesgada.
Es una excursión que demanda no solo el uso de las extremidades inferiores, sino también de las superiores en algunos sectores del circuito. Se considera de grado de dificultas tres, por la complejidad de algunos sectores del camino y el esfuerzo físico que requiere. Si bien no posee límite de edad, es recomendable que las personas interesadas en hacer el paseo estén en buen estado físico.
Al comienzo de la caminata se está a una altura de aproximadamente 1150 metros (s.n.m) y hasta llegar al salto luego de un recorrido de unos 6 kilómetros, se llega a una altura de 1480 metros (s.n.m).
El Marqués Rafael de Sobremonte (Sevilla, 27 de noviembre de 1745 – Cádiz, 1827) fue el fundador de Villa de Merlo. En 1806, durante la primera de las Invasiones Inglesas y debido al ataque que la capital sufrió por los británicos, abandonó la ciudad de Buenos Aires con rumbo a Córdoba, en un intento de poner a salvo el tesoro del virreinato. En una disertación en la Casa del poeta se abordó la vida de Sobremonte y el impulso a política públicas poco conocidas.
El historiador cordobés, Alberto Abecasis, fue quien expuso sobre la vida de Sobremonte. En diálogo con infomerlo.com aseguró: “poco conocen los argentinos sobre Sobremonte cuya imagen quedó ligado al estereotipo de escapar de los ingleses. Sin embargo, Sobremonte fue impulsor de grandes cambios y sostuvo la necesidad de generar nuevas poblaciones, como Merlo, La Carolina y La Carlota, con gobernantes propios, justicia y recaudación local”.
Un dato histórico que no se puede soslayar es que la actuación de Sobremonte se da en el contexto del gobierno de los borbones en España, con el Rey Carlos III, impulsor de una serie de medidas como fue la apertura de escuelas públicas, hospitales públicos y sostenedor del teatro como movimiento artístico y social. A menudo estas acciones no se conocen.
Las reformas políticas y sociales impulsadas por los borbones fueron ocultadas hasta en la propia España. Solo fueron estudiadas y analizadas en colegios y universidades a partir del gobierno socialista de Felipe González, en 1982. Para el franquismo, el Rey Carlos III era mala palabra.
Sobremonte actuó en el virreinato en ese contexto y no se puede olvidar que fue el encargado de incorporar Cuyo a la Argentina, región que estaba en manos de Chile. Abecasis en su charla abordó todos estos tópicos profundizando las acciones del fundador de Villa de Merlo. También habló con conocimiento de la Argentina anterior a 1810, un período histórico que consideró apocado en su estudio.
Y una de sus propuestas es que quiere agrupar los pueblos carolinos subsistentes entre los que se encuentra Merlo para que se puedan concretar diversos encuentros científicos en el que se investiguen variados temas, como se hace en Málaga (España). Tal vez sea este el punto inicial para fructíferas investigaciones dentro de las Ciencias Sociales.